En una sociedad como esta,
en la cual tener como prioridad la paz,
es tan incongruente como pedir a un ladrón que te robe con amabilidad; de
hecho, es lo que pasa hoy en día. Cuando el real problema no es la violencia o
descortesía, sino que el ladrón aún sigue robando.
A lo que quiero llegar con
esto, es que, en un mundo con una sociedad cegada y ahogada en gran parte por
los vicios, Paz, no es lo mismo que Libertad. Pedir que no haya disturbio
alguno mientras somos explotados, sería entregarnos totalmente a este sistema imperialista
que nos priva de nuestra libertad. Estamos regresando al sistema laboral del
Porfiriato en el cual se no ha vuelto a quitar el tiempo para poder salir a
disfrutar de lo que los empresarios nos pintan, para consumir cierta “felicidad”
procesada y etiquetada, a costa de la opresión de nosotros mismos. Este tipo de
casos no los podemos seguir tolerando, no podemos seguir dejando que “pacíficamente”
se nos oprima y manipule hasta llegar a tal grado en el cual no tengamos tiempo
ni para pensar, para crear consciencia; sólo obedeciendo y no cuestionando.
Paz no es libertad, porque
la paz -bien lo dijo el Benemérito de las Américas- es el respeto al derecho ajeno.
Pero vemos, hoy en día, que la clase por ahora dominante, no logra respetar
nuestros derechos. Porque paz, en una sociedad como la nuestra, significa no
hacer ruido, significa mirar hacia abajo y obedecer sin cuestionar, aunque no
estemos de acuerdo con lo que se hace. Paz… qué maravillosa sería la sociedad,
si la paz y la libertad, estas dos frágiles palabras, se pudieran convertir en
hechos. Y aún más maravilloso sería que no se contrapusieran una de la otra.
Porque la libertad significa
tener el poder de cuestionar, de alzar la cabeza y decir NO a esas órdenes que
nos oprimen día con día. Libertad significa poder tomar decisiones y elegir
acciones sin que nadie (siempre y cuando no violes o atente contra sus derechos
humanos) te lo pueda impedir.
El gran derecho humano, el
derecho de luchar, lo podemos apreciar a diario con miles de ejemplos que
podemos encontrar tanto en las grandes urbes como en los lugares apenas tocados
o pisados por los campesinos. Todas estas personas luchan a diario con la
simple intención de salir adelante. Pero buscan salir adelante por sí solas,
trabajando en lo individual, porque así las ha acostumbrado el sistema que
lleva imperando décadas. Y no alcanzan ese nivel de consciencia para lograr
ponerse a pensar en que, si conjuntaran sus ganas, esos deseos inmensos y
fuertes de luchar, podrían lograr obtener mejores beneficios, incluso cambiar
problemas desde la raíz muchos más para poder ser libres y luego, tal vez,
lograr obtener la paz que tanto se anhela, pero no una paz material o una paz
social; una paz totalmente revolucionaria, una paz de espíritu, una paz con
ganas de luchar para lograr defenderla cada vez que se vea amenazada y para
lograr encontrarla cada vez que se halle perdida. Obtener ese sentimiento de
plenitud no será fácil; primero se tendrá que obtener o crear un sentimiento
casi contrario, un sentimiento compuesto por el miedo, el odio la fraternidad,
la nobleza y el coraje. Este sentimiento hará despertar la consciencia
colectiva y hará que el pueblo se levante en intelecto primero y luego, si es
necesario, en armas. A este sentimiento se le llama espíritu de lucha o
espíritu combativo.
Mientras que si buscamos la
paz en este sistema y sociedad actual, solamente encontraremos este mismo
sentimiento pero totalmente reprimido. Encontraremos un profundo sufrimiento
gracias a una tremenda represión de
nuestra clase –por ahora dominada- y tal vez, solo tal vez, encontremos la
felicidad en nuestros sectores. Pero será una felicidad fictícia en la cual se
nos despojará de nuestras libertades de pensamiento, crítica y decisión, y se
nos quitará la educación Científica popular, gratuita y de buena calidad que
hoy existe y que fue un gran trofeo de la revolución mexicana de 1917, para
pasar a sólo educación en la cual te enseñen a obedecer, a operar y a bajar la
cabeza. Y eso es algo que nuestra
sociedad no se merece, porque ya hemos hecho tantos sacrificios que es justo y
necesario hacer un cambio, un cambio para mejorar, y mejorar con el fin de
liberar a esta sociedad desolada y hundida en el esclavismo.
La paz, aunque un hermoso y
deseable fin, no será posible sin antes utilizar ese derecho a luchar, para
alcanzar primero, la gloriosa libertad.
Unámonos contra la tiranía
E.J. Trejo
ESIME Zacatenco

