jueves, 30 de octubre de 2014

Paz y Libertad


En una sociedad como esta, en la cual  tener como prioridad la paz, es tan incongruente como pedir a un ladrón que te robe con amabilidad; de hecho, es lo que pasa hoy en día. Cuando el real problema no es la violencia o descortesía, sino que el ladrón aún sigue robando.

A lo que quiero llegar con esto, es que, en un mundo con una sociedad cegada y ahogada en gran parte por los vicios, Paz, no es lo mismo que Libertad. Pedir que no haya disturbio alguno mientras somos explotados, sería entregarnos totalmente a este sistema imperialista que nos priva de nuestra libertad. Estamos regresando al sistema laboral del Porfiriato en el cual se no ha vuelto a quitar el tiempo para poder salir a disfrutar de lo que los empresarios nos pintan, para consumir cierta “felicidad” procesada y etiquetada, a costa de la opresión de nosotros mismos. Este tipo de casos no los podemos seguir tolerando, no podemos seguir dejando que “pacíficamente” se nos oprima y manipule hasta llegar a tal grado en el cual no tengamos tiempo ni para pensar, para crear consciencia; sólo obedeciendo y no cuestionando.

Paz no es libertad, porque la paz -bien lo dijo el Benemérito de las Américas- es el respeto al derecho ajeno. Pero vemos, hoy en día, que la clase por ahora dominante, no logra respetar nuestros derechos. Porque paz, en una sociedad como la nuestra, significa no hacer ruido, significa mirar hacia abajo y obedecer sin cuestionar, aunque no estemos de acuerdo con lo que se hace. Paz… qué maravillosa sería la sociedad, si la paz y la libertad, estas dos frágiles palabras, se pudieran convertir en hechos. Y aún más maravilloso sería que no se contrapusieran una de la otra.

Porque la libertad significa tener el poder de cuestionar, de alzar la cabeza y decir NO a esas órdenes que nos oprimen día con día. Libertad significa poder tomar decisiones y elegir acciones sin que nadie (siempre y cuando no violes o atente contra sus derechos humanos) te lo pueda impedir.

El gran derecho humano, el derecho de luchar, lo podemos apreciar a diario con miles de ejemplos que podemos encontrar tanto en las grandes urbes como en los lugares apenas tocados o pisados por los campesinos. Todas estas personas luchan a diario con la simple intención de salir adelante. Pero buscan salir adelante por sí solas, trabajando en lo individual, porque así las ha acostumbrado el sistema que lleva imperando décadas. Y no alcanzan ese nivel de consciencia para lograr ponerse a pensar en que, si conjuntaran sus ganas, esos deseos inmensos y fuertes de luchar, podrían lograr obtener mejores beneficios, incluso cambiar problemas desde la raíz muchos más para poder ser libres y luego, tal vez, lograr obtener la paz que tanto se anhela, pero no una paz material o una paz social; una paz totalmente revolucionaria, una paz de espíritu, una paz con ganas de luchar para lograr defenderla cada vez que se vea amenazada y para lograr encontrarla cada vez que se halle perdida. Obtener ese sentimiento de plenitud no será fácil; primero se tendrá que obtener o crear un sentimiento casi contrario, un sentimiento compuesto por el miedo, el odio la fraternidad, la nobleza y el coraje. Este sentimiento hará despertar la consciencia colectiva y hará que el pueblo se levante en intelecto primero y luego, si es necesario, en armas. A este sentimiento se le llama espíritu de lucha o espíritu combativo.

Mientras que si buscamos la paz en este sistema y sociedad actual, solamente encontraremos este mismo sentimiento pero totalmente reprimido. Encontraremos un profundo sufrimiento gracias a una tremenda represión  de nuestra clase –por ahora dominada- y tal vez, solo tal vez, encontremos la felicidad en nuestros sectores. Pero será una felicidad fictícia en la cual se nos despojará de nuestras libertades de pensamiento, crítica y decisión, y se nos quitará la educación Científica popular, gratuita y de buena calidad que hoy existe y que fue un gran trofeo de la revolución mexicana de 1917, para pasar a sólo educación en la cual te enseñen a obedecer, a operar y a bajar la cabeza. Y  eso es algo que nuestra sociedad no se merece, porque ya hemos hecho tantos sacrificios que es justo y necesario hacer un cambio, un cambio para mejorar, y mejorar con el fin de liberar a esta sociedad desolada y hundida en el esclavismo.

La paz, aunque un hermoso y deseable fin, no será posible sin antes utilizar ese derecho a luchar, para alcanzar primero, la gloriosa libertad.


Unámonos contra la tiranía


E.J. Trejo

ESIME Zacatenco


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